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MONOGRAFÍA DEL PAYADOR VÍCTOR NICOLÁS DI SANTO

MONOGRAFÍA DE 

VÍCTOR NICOLÁS DI SANTO

[Décimas de sonido forzado: 1) ANTO - 2) ÍA - 3) ELA - 4) ÓN ]

Víctor Nicolás Di Santo
soñó que un lejano día
llovería la poesía
igual que gotas de llanto.
La décima fue su encanto
y a la gloriosa espinela
fue siguiéndole la estela
para mantener la unión
que brota del corazón
como nota de vigüela.

Tanto él investigó, tanto,
con Gabino como guía,
que aun cerca de su agonía
le ofreció su último canto.
La pobreza y el quebranto
dejaron triste secuela
vendiendo toda su escuela
de académica misión,
por cumplir su comisión
que le sirvió de tutela.

Mis rimas aconsonanto
elogiando su hidalguía,
me nutro de su energía
y en su vuelo me levanto.
Como el manco de Lepanto, ([1])
aunque este galope duela,
le hinco bien firme mi espuela,
vuelo con pluma de halcón,
con el rugido de un león
y potente cual gacela.

Y esta rapsodia adelanto
con franca categoría,
por su vasta antología
y en su legado me planto.
Lo investigo y entretanto
hoy le elevo esta espinela,
mi canto nadie cancela,
pues como él, tengo pasión,
plasmaré mi vocación
hasta el fin, en mi parcela.

Rubén Sada.



[1]) Manco de Lepanto. Apodo atribuido a Miguel de Cervantes Saavedra, creador de “Don Quijote de la Mancha”, libro novelesco más traducido y vendido de la historia, después de la Biblia.
___

BIOGRAFÍA DEL PAYADOR VÍCTOR DI SANTO
(con valiosa información del tradicionalista Raúl Risso)

Víctor Nicolás Di Santo nació en el barrio de Nueva Pompeya, Capital Federal, el 25 de abril de 1941, a una cuadra de la iglesia del barrio. Sus primeros 13 años de vida transcurrieron en Villa Martelli, partido de Vicente López. Al poco tiempo la familia se mudaría a Boulogne. 

Payador Víctor Nicolás Di Santo
Allí fue donde nació su pasión por la guitarra y el canto. Con el tiempo empezó a actuar, primero en Boulogne y alrededores y luego en el interior del país. “Era tan fanático que para las fiestas patrias siempre se vestía de gaucho. En realidad su pasión por los payadores venía de familia. Su padre solía visitar las glorietas de Boedo y de Almagro, ya que vivía por esa zona. Víctor pasó buena parte de su adolescencia en Saavedra, ya que iba a un colegio ubicado en Mariano Acha y Correa. “Cuando estaba en quinto grado tuvo un maestro que lo marcó mucho, porque era una persona de bien. Tenía 10 u 11 años e iba con un amigo a una carnicería en Villa Cerini. Se ponían a cantarle al carnicero a cambio de unos chorizos colorados. En las reuniones familiares era el centro de atención. En las payadas, para saber cómo empezar un canto hay que saber como terminarlo; hay que tener rapidez mental y mi hermano la tenía”, explica su hermano Alfonso. Años más tarde llegarían las primeras actuaciones de Víctor Di Santo como payador en los centros tradicionalistas de Béccar y San Isidro. Después de haber realizado varias actuaciones como payador, Víctor Di Santo comenzó a recorrer el país investigando sobre el tema. Era un apasionado por Gabino Ezeiza, un payador de ascendencia negra nacido en cuna humilde en el barrio de San Telmo que fue autor de más de 500 composiciones que él mismo interpretaba. Una de sus payadas más conocidas fue Heroico Paysandú, dedicada a la ciudad uruguaya, que sería interpretada por Carlos Gardel años más tarde. Gabino moriría pobre en el barrio de Floresta en 1916, a los 58 años de edad. Víctor Di Santo dedicó gran parte de su vida a investigar la vida de este mítico payador, recorriendo distintos puntos del país. “Mi hermano a veces desaparecía de casa para visitar los pueblos del interior, buscando información sobre Gabino Ezeiza. Antes de morir vendió toda su colección de libros de payadores y buena parte la donó a una biblioteca de Berisso. Tomó esta decisión porque sabía que se moría y necesitaba el dinero para publicar su libro sobre Gabino”, afirma Alfonso. Finalmente Víctor pudo publicar la obra, que está prologada por el recientemente fallecido Félix Luna, y murió pobre -como Gabino- a los 65 años, víctima de una leucemia. “Era una persona entusiasta, pero nunca lo motivó el aspecto económico. Hizo algunas grabaciones, aunque no en forma comercial”, aclara su hermano Alfonso. Víctor Di Santo fue reconocido como investigador. Se escribió sobre él en las revistas Todo es historia y El Federal. A pesar de que los payadores tenían en general una impronta política muy importante, Víctor carecía de una ideología definida. Los payadores eran como cantores de protesta, con una línea combativa contra el régimen imperante. “Fue invitado a Cuba a una reunión de payadores de toda Latinoamérica y destacó tanto los aspectos positivos como los negativos de la isla”, observa Alfonso. Cuando Víctor falleció, recuerda su hermano, había como mucho 20 personas acompañándolo. En ese momento no era tan conocido entre los payadores como ahora. El 1 de noviembre de 2009, día de la conmemoración del fallecimiento de Gabino Ezeiza, se transportaron las cenizas de Víctor Di Santo a la sede de la Agrupación Tradicional Argentina "El Lazo", localidad Beccar, Partido de San Isidro.
El investigador y payador Víctor Di Santo, falleció el 10 de febrero de 2005, en Boulogne. En 1959 debutó como payador en el Club Atlético River Plate de Monte. Cruzó cuerdas con todos sus contemporáneos, entre los que se destacan Felipe Arellano, Roberto Ayrala, Aldo Crubellier, Jorge Soccodato y Rodolfo Lemble. Publicó, entre otras obras, "El canto del payador en el circo criollo", "El payador, su arte y su canto" y "Payadores y política". Encontró en José Curbello a un estrecho colaborador.

Escribe Raúl Risso:
Imperturbable la vida cumple su designio y nos obliga -de tanto en tanto-, a escribir las páginas no deseadas en ese momento y por esos motivos. Y hacemos esta introducción porque con todo respeto y admiración debemos ahora evocar al amigo Víctor Nicolás Di Santo, quien tras luchar un año con una cruel enfermedad, falleció en su casa de Boulogne (San Isidro), el 10 de febrero del año en curso. Tenía 63 años, como que había nacido en Capital Federal, el 25 de abril de 1941, transcurriendo sus primeros 13 años de vida en Villa Martelli, partido de Vicente López, para radicarse a partir de allí en “su pago de toda la vida: Boulogne”.
Tempranamente se acercó al tradicionalismo, y solía referir con sincero orgullo que registraba como Socio Honorario Nº 13 del Círculo Criollo “El Rodeo” de Moreno, una de las instituciones pioneras en la provincia.
Quizás fue poeta antes que payador, ya que a eso de los 15 años compone sus primeros versos, que a veces recitaba y otras cantaba; pero el germen repentista por allí andaba, y junto a Felipe Luján Arellano hace su primera presentación profesional como payador, cuando tiene 18 años; antes -más adolescente- había conocido y tratado al payador moreno Juan José García, y al payador de origen neuquino Juan Quiroga, a quien frecuentó bastante y junto a quien amasó su sueño payador. Su destino ya estaba marcado, el canto alterno era su prioridad, por eso dijo hace muchos años:

“En la décima espinela
hoy el payador se planta
y surge de su garganta
un murmullo de vigüelas;
las cadenciosas estelas
de un canto antiguo y gentil
se hacen punzante buril
para tallar frente a frente
la vigencia permanente
del arte payadoril.”

Una simple relación de fechas nos dice que ejerció el arte de su canto improvisado por espacio de 45 años. Pisó escenarios desde clubes barriales a teatros porteños, de la reunión del boliche a la Peña de Coronel Dorrego, del fogón de la jineteada al encuentro internacional de payadores. Pero sus inquietudes no se agotaron con el poeta y el payador; hombre curioso e inquieto, ávido de conocimientos, se abocó a la investigación, pero a la investigación verdadera, no al ‘dicen’ o ‘me contaron’, “puro jarabe de pico”, sino a todo aquello con respaldo documental, con testimonio escrito. Y ese método de trabajo floreció en “El payador, su arte y su canto” (l985) y “El canto del payador en el circo criollo” (1987), y en “Gabino Ezeiza -precursor del canto payadoril-”, libro que aparecerá póstumamente pues alcanzó a ingresarlo a la imprenta y a hojear algunas pruebas.


Y ansiosos por ver la luz quedaron otros trabajos por los que hacemos votos para su futura edición, uno referido a la “Los Centros Criollos de Carnaval”, y el otro a “Los Cuchilleros de Buenos Aires”.
Pero no todo es libro, por eso también difundió sus investigaciones por las páginas de revistas como: Todo es Historia, Rincón del Payador, Tarareando y Club de Tango, todas de la Ciudad de Buenos Aires; Pa’l Gauchaje, de La Plata, y El Tradicional, de la Ciudad de San Martín.
Un puñado de sus bien rimados y gauchos versos fueron publicados en un opúsculo de 20 páginas que tituló “Tierra Campa” (1978), y algunos de estos han sido llevados a la grabación por intérpretes como Héctor Del Valle y Jorge Berón, entre otros.
Sintió con pasión todo lo que hizo, y cada vez que encaró un proyecto lo vivió poniendo lo mejor de sí. Fruto de su impulso fue aquel “certamen de payadores noveles” que se llevó a cabo en la Agrupación Tradicionalista “La Montonera” de Ensenada en 1985, y que sirvió de espaldarazo a un grupo de jóvenes que 20 años después siguen en la brega con un lugar bien ganado: Otero, Huenchul, Moreno, Ocaña... Y si el entonces gobierno municipal de la Ciudad de Buenos Aires, por Decreto 6256/86 declaró el “Día del Payador”, no estuvo ajeno su ímpetu creador; como tampoco lo estuvo en la coronación de esa fecha, llevando el canto payadoril al centro porteño y a un teatro como el “Presidente Alvear”, cumpliendo un sueño dorado.
Y aunque la vida le cortaba las alas a sus vuelos, él trabajó hasta el último hálito de vida, como lo demuestra el hecho de haber ingresado a la imprenta los originales de su investigación sobre Ezeiza.
Pero su suerte estaba echada, y a las 19,30 hs. del jueves 10 de febrero se cortó su aliento, se cerraron sus ojos... o ¿por qué no?, se abrieron en otra dimensión para ver la vida desde otra perspectiva.
Dispuso como última voluntad, que su guitarra -compañera acunadora de sueños-, quede en las manos de su colega Jorge Soccodato, como certificando aquella ofrenda literaria hecha en 1978 en “Tierra Campa”, cuando a las seis décimas de la primera composición justamente titulada “Mi Guitarra” las dedica “Al payador argentino Jorge Alberto Soccodato”. Sin duda, derechura de un rumbo.
Del mismo modo ha querido que su importante biblioteca se incorpore a la “Biblioteca Carlos Moncaut” de la Asociación Argentina de Escritores Tradicionalistas, institución a la que se acercó a poco de fundada, donde alguna vez fuera galardonado con el Primer Premio de un certamen de poesía gauchesca, y con la que varias veces colaboró desempeñándose como Jurado de sus certámenes, como incluso había ocurrido en noviembre de 2004, a pesar de su salud menguada.
Se apagó una vida preocupada por desentrañar aspectos de un pasado cercano que necesitan ser rescatados y resguardados, y se encendió otra estrella en el firmamento criollo del cielo nuestro.
Las guitarras payadoras están de duelo, y en las hemerotecas de los archivos, los grandes libracos permanecen cerrados, y es que ha dicho ¡adiós! el Payador Víctor Nicolás Di Santo.
¡Adiós, amigo... hasta siempre!
(28/02/2005)
(Publicado en el Boletín Informativo N° 44, 05/2005, de la AAET) 


Con gran alegría he conseguido "nuevo" el libro de Gabino Ezeiza​ escrito en vida por el payador Víctor Di Santo, y publicado posmortem por su viuda Marta Argentina Romero y editado e impreso por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ISBN 978-987-9246-34-4, de 416 páginas, investigación que le llevó al autor prácticamente "toda su vida" y apenas pudo ver la prueba de galera, porque días antes de ser publicado, Di Santo falleció, un fatídico 10 de febrero de 2005, víctima de leucemia, en su casa de Boulogne. Aquí tengo su legado. El prólogo es nada menos de que Félix Luna.



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